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El Reportero del Escambray

Por quién doblan las campanas mediáticas de Estados Unidos?

 

Por Norland Rosendo González

 La prensa de Estados Unidos comenzó, tras anunciarse la Proclama de Fidel, un repique incesante de añejas campanas, y los editores dejan desde entonces un espacio estelar para su gran noticia.

Son tañidos de falacias que en forma de comentarios, noticias, reportajes y entrevistas intentan ensordecer a la opinión pública mundial, con la sádica intención de vender, a la usanza de las técnicas modernas del marketing, «una necesaria transición en Cuba».

Así amanece cada mañana en Internet. Los textos reflejan el estado de soñolencia por la eterna vigilia, esperando, igual que tantas madrugadas desde 1959, la noticia que los haría feliz, y por la que en estos primeros días de agosto celebraron otra vez con la amarga bebida de los fracasados.

Al cierre de cada edición se reitera la vieja rutina: los editores rellenan sus portadas con aserrín informativo, pues su gran noticia no llega.

Y hay temas de la política doméstica e internacional que pudieran ocupar esos espacios, por ejemplo, los devastadores bombardeos israelíes contra el Líbano, con imágenes desplegadas, a todo color, de la masacre, de los niños con las miradas pedidas por los padres perdidos. Pero no, esa no es su gran noticia.

Israel, enfatizan, tiene que defenderse de Hizbolá, y hay que apoyarlo. La prensa debe tener en cuenta que Tel Aviv es agredida por bandas de terroristas árabes, repiten en la Casa Blanca.

Y a los periodistas que no enfilan sus ideas así, W. Bush les niega el acceso al Gobierno; sólo les extiende pasaporte libre a los reporteros fieles, pues él sabe que estos no someterán sus decisiones, por muy hitlerianas que sean, al escrutinio público.

¿Por qué esa industria mediática, con un olfato sensacional para rastrear las grandes noticias, no reflejó las espectaculares estafas electorales en los comicios del 2000 y el 2004?

La segunda vez, según el recuento oficial de votos, Bush ganó con 3 millones de ventaja; pero las encuestas a pie de urna dijeron que John Kerry había recibido 5 millones más que su contrincante. ¿A quién creer? Buena pregunta para el periodismo de investigación norteamericano, que tanto se ufana de ser ¿serio?, ¿objetivo? y ¿ético?

Imagino que en el último mitin de la noche los editores discutan hasta el titular, el puntaje y el tipo de letra que deben emplear para su gran noticia fechada en Cuba.

Ese sería un excelente momento para decidir la publicación de las consecuencias ecológicas y económicas ocasionadas por las explosiones en varias montañas para extraer carbón. Según fuentes alternativas, y muy fidedignas por cierto, más de mil millas de terreno han sido afectadas en el estado de Virginia.

En diciembre de 2003, la opinión pública hubiese deseado acceder a comentarios serios sobre la rúbrica de la Intelligence Authorization Act, la ley que aumenta los fondos para espiar a los propios norteamericanos y autoriza a grabar conversaciones privadas sin orden judicial. Pero sobre ese tema, ni una línea discrepante.

Washington aprovechó los devastadores tsunamis para posicionar sus fuerzas bélicas en Asia. Tras bambalinas, sin pudor diplomático ni sentido humanista, condicionaron su insignificante ayuda al derecho de establecer más bases militares en el área. La gran prensa no dijo eso, optó por publicitar la ridícula bondad del emperador W., como si él fuese tan noble y caritativo.    

Y ahora los editoriales llaman a la cruzada contra Irán. Dicen que por el riesgo mundial que implica el programa nuclear persa; omiten que el interés real de los halcones son los yacimientos de petróleo de esa nación.

Del vecino Irak, donde cada vez se hunden más en el descrédito las fuerzas agresoras, solo publican reportajes vacíos que incitan a sostener la guerra, intentan «vender» una falsa victoria, con textos que reproducen el guión de un triste show dictado por dramaturgos bélicos al borde de la ruina.

Y del caso de los Cinco Héroes cubanos, ni hablar; huelgan los cometarios.

Las campanas mediáticas de Estados Unidos doblan y doblan. No cesan desde el día 31 de julio, y el espacio para difundir su gran noticia de Cuba tiene que ser cubierto al cierre, como tantas madrugadas desde 1959, por notas banales o por mentiras.

Lo más triste es que entre los asuntos inéditos, los editores pudieran escoger sensacionales verdades, pero son muy fuertes, tanto que volverían endeble al emperador y su séquito. Y las extrañas reglas de la libertad de prensa made in USA prohíben a las campanas doblar por él.
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