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El Reportero del Escambray

Bush: Y tú, ¿de qué me acusas?

Bush: Y tú, ¿de qué me acusas?

Por Norland Rosendo González

A la familia Bush no le parece democrático el sistema electoral cubano. Sobre todo porque si rigiese uno similar en su país, a W. no le hubieran podido arruinar los últimos 8 años de sus vacaciones intelectuales.

Pobre Bush, lo han agobiado desde el 2000 con firmas de papeles escritos por otros, con lecturas de discursos que ni él mismo entiende, y cuando se le ha ocurrido improvisar una oración, de las más simples: sujeto, verbo y predicado, evidencia porqué la educación made in USA está a tantos años luz del resto. Nadie sabe lo que dice.

Todo empezó con el nuevo milenio y en el estado de Florida. Allí se decidió el destino con las elecciones presidenciales, en una puja desleal entre él (Republicano) y Albert Gore (Demócrata).
Fueron días de golpes bajos, que dejaban sin aire a los ciudadanos indefensos, atónitos mientras aguardaban por el desenlace, y los medios de la (in)comunicación decían una cosa ahora y otra después.

Gore va delante. Ahora Bush. Gore, Bush. Bush, Gore. Y la mafia detrás, a la sombra. Cuando la Justicia, lenta y burocrática, quiso decidir el pleito, la mafia ya había movido sus piezas negras y en una de sus clásicas jugadas, al estilo del KuKuKlan, le había garantizado la victoria a Bush.
Curiosamente, si todos los ciudadanos negros con derecho al voto hubiesen podido ejercerlo en la Florida, el oscuro cerebro de Bush hubiese quedado fuera de la Casa Blanca.

La jugada estuvo planeada desde mucho antes del día de los comicios. Le pasaron una raya roja a los nombres de miles de ciudadanos negros con antecedentes penales (según la Ley no tienen derecho al sufragio en ese Estado, ok). Pero fue tal la diversión, que se embullaron y siguieron tachando gente de ese color que jamás había cometido delito alguno, o simplemente archivaban faltas leves. Otros miles, quedaron también fuera de las listas de electores.

En la Florida, los negros suelen votar por los demócratas: el 90% de los que acudieron a las urnas, marcaron por Gore. Qué casualidad.     

Michael Moore, cuenta en su libro Estúpidos Hombres Blancos, que en 1999, Katherine Harris, codirectora de la campaña presidencial de George W. Bush, «pagó 4 millones de dólares a Database Technologies para repasar el censo del estado y eliminar del mismo a cualquier “sospechoso” de tener antecedentes policiales. Contó para ello con la bendición de Jeb, el gobernador de Florida y  hermano de George W., cuya esposa fue sorprendida por agentes del servicio de inmigración tratando de introducir en el país un alijo de joyas valoradas en 19.000 dólares sin declararlo ni pagar impuesto alguno... Un delito en toda regla. Pero ¿de qué se quejan? Esto es América, y aquí no perseguimos a delincuentes ricos o emparentados con la familia Bush.»

A ella, nadie le suspendió el derecho al voto por su cuñado.

Sin embargo, para ganar había que dejar fuera a personas con «nombres similares a los de los delincuentes, e insistieron en que Database comprobara los antecedentes de los individuos que tenían la misma fecha de nacimiento que delincuentes reconocidos o un número de la Seguridad Social parecido. Según las instrucciones de la oficina electoral, una coincidencia del 80 % de los datos señalados bastaba para que Database añadiera un nombre más a la lista de votantes despojados de su derecho a voto.»

La cifra de los tachados rebasó los 170 mil. En Miami Dade, el 66 % era negros; en Tampa, 54 %.
Cuando el 7 de noviembre de 2000, un número significativo de  ciudadanos de ese color quisieron ejercer su derecho al sufragio, sus nombres no aparecían en las listas. Y los colegios electorales más «complicados» por la posible afluencia de negros y latinos disponían de un fuerte dispositivo policial para evitar «disturbios».

Solo 537 votos decidieron la Florida. ¿Cuántos de los eliminados por Database con un simple clic no le hubiesen dado una vuelta completa al marcador?

Gore debió ser presidente; pero en los Estados Unidos, los registros  de votantes son un negocio, y no dudo que para los próximos comicios se coticen en Wall Street.

Los Bush(es) ganaron, y de paso W. perdió la tranquilidad de unas eternas vacaciones de las que nunca debió salir.

Obvio que el sistema electoral cubano les resulta antidemocrático: no permite que las mafias se roben las elecciones y facilita las condiciones para que todos los ciudadanos con derecho al voto puedan ejercerlo.

 

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