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El Reportero del Escambray

¡¡¡LLEGÓ LA SEÑAL, SE ACABÓ EL SILENCIO!!!

  

Por Norland Rosendo González

  Hasta la escuela rural Obdulio Morales de Jibacoa, en el Escambray, llegó la mano de la Revolución para instalar una antena satelital que permite captar en ese paraje la señal televisiva. Por primera vez en su historia la ESBEC Obdulio Morales dejó de vivir con un día de retraso en el conocimiento de las noticias.  Fundada hace 28 años, en esta escuela no es posible captar las señales televisivas con las antenas convencionales, pues está ubicada entre farallones empinados que lo impiden. Hasta este curso era la única secundaria básica de la provincia enclavada en una zona de silencio, término con que los especialistas identifican esta dificultad técnica. Los alumnos albergados conocían las noticias más importantes de Cuba y el mundo al día siguiente en los matutinos y las clases. Y de las aventuras y novelas solo sabían —salvo quienes aprovechaban las penumbras de la noche para escaparse hasta los hogares de la comarca— por las narraciones de sus compañeros seminternos durante los recesos. Pero septiembre empezó diferente. Un receptor satelital de televisión, que instaló el departamento técnico de la división de Radio Cuba en Villa Clara, permite recibir las anheladas señales. Las imágenes son nítidas; el audio, claro, mejor que en la mayoría de los telerreceptores de los hogares vecinos. Había mucha expectativa cuando hicieron las primeras pruebas; y al verificar que el dispositivo funcionaba, cuenta el director del centro, Omar Martínez Darias, que vivieron, al fin, el emocionante momento de la primera vez que las pantallas no «se encendían en blanco». Quedaba atrás también la zozobrante experiencia, aunque única posible hasta entonces, de grabar las teleclases en Manicaragua y trasmitirlas una semana después. Por eso, afirma Martínez Darias, ahora podrán aplicar con mayor calidad y eficiencia los nuevos modelos pedagógicos, que tienen en el programa audiovisual un componente esencial.  «No hay dudas de que mejorará de manera integral el proceso de aprendizaje de los alumnos», resume.  Era una auténtica odisea: nos grababan los casetes allá abajo y los subían en las guaguas de los profesores o en cualquier otro transporte que viniese para acá. A veces no se escuchaban bien, venían grabados hasta la mitad o sin imágenes.  Había que revisarlos cuidadosamente, y no pocas veces, con la clase casi encima, teníamos que regresar para copiarlos otra vez. Vivíamos de sobresalto en sobresalto.»  Aquí estudian más de 300 alumnos de los 17 asentamientos rurales del Plan Turquino, quienes, como Danny López, Liyan Fernández, Geydi Pérez y Darién Duardo, los cuatro de noveno grado, hablan de un antes y un después en la «Obdulio Morales» con la instalación de la antena. «Desde septiembre podemos estar mejor actualizados, recrearnos, enriquecer nuestra cultura. Algunos compañeros nuestros —que viven monte adentro, lejos de las comunidades— nunca habían visto televisores de 29 pulgadas y al principio quedan asombrados con las imágenes grandes. Ese privilegio no existía aquí antes», relatan gozosos.  Para ellos las noches no serán monótonas como en los cursos anteriores, cuando solo el día de la recreación transcurría diferente. El resto de las jornadas nocturnas aburrían las mismas historias y cuentos de siempre, las mejores hazañas de cada uno, hasta que el sueño los vencía, y se iban a las camas, repitiendo el mismo deseo: si se viera la TV… Una quimera que dejó de serlo, gracias a los esfuerzos de la Revolución para desarrollar un programa educativo integral en todo el país, incluyendo los más intrincados parajes. 
  
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