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El Reportero del Escambray

Los costos torpes de un lujo

Los costos torpes de un lujo

El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba afecta a la producción de tabaco, un rubro en el cual los productores de la Isla descuellan por la calidad de sus cosechas, y los fumadores del imperio están imposibilitados de disfrutar los habanos por las leyes arbitrarias e irracionales de su gobierno.

Por Norland Rosendo González

Hace unos días estaba en la casa de un amigo campesino, y para la sobremesa, tras el almuerzo, prendió un tabaco. Uno de factura propia, como suele decir él, hecho con las mejores hojas de su cosecha, y al estilo de los mosquetes empleados en la conquista de América: largo y de diámetro exagerado.

«Tan sabrosos que son y tan caros que están saliendo últimamente», aseveró mientras le prendía candela.Y ese fue el detonante para una larga conversación sobre los costos de una vega. Desde los semilleros hasta la estadía en las casas de curación, en todas las etapas productivas influye el bloqueo económico de los Estados Unidos contra nuestro país.

Una simple hojeada a las cuentas acumuladas por él, por primera vez solo en estos trajines tabacaleros que aprendió de su padre, delata los elevados precios de la mayoría de los productos imprescindibles para lograr altos rendimientos y la máxima calidad.Su plan de siembra está fijado en 20 mil posturas, las cuales deben cubrir 0,044 caballerías.

Para plantarlas requiere cuatro sacos (200 kilogramos en total) de un fertilizante que contiene varios ingredientes importados, y cada saco lo tiene que comprar a 11,18 pesos cubanos convertibles (CUC). Multiplicado por cuatro, el número llega a 44,72 CUC.

En una segunda etapa, debe aplicar otro abono con algunos de esos mismos elementos adquiridos en el mercado foráneo, y cada uno de los tres sacos que necesita de la nueva fórmula le importa 12,79 CUC.El millar de posturas está valorado en 1,95 CUC (ello implica los gastos de combustible, fertilizante, pesticida y transporte, todos adquiridos de una manera u otra en el extranjero). Si multiplica por 20, la cuenta, solo por la simiente, se eleva a 39 CUC.

Hasta ahí la suma de gastos en moneda libremente convertible de mi amigo marca 121,82 pesos.Y no hemos hablado del alambre para cercar, las limas, los machetes, las cuchillas de cortar tabaco, las mangueras de diferentes diámetros para regar las plantaciones, las rejas de arados, las puntillas, y mucho menos de los neumáticos de los tractores.

Todos esos recursos se encarecen por los avatares para adquirir en el exterior la materia prima o los productos ya terminados.A estas alturas de cuentas, ya casi fumada la breva de sinuosas volutas grises, empezamos a hurgar en por qué estos precios, y llegamos, entre otras causas, a los costos originados por el bloqueo en la comercialización con el extranjero.

Pasamos revista a la transportación —ya sea marítima o aérea—, a la imposibilidad de comprar en los Estados Unidos, a la ausencia de créditos en los principales bancos internacionales, a los subterfugios para que Washington no identifique los proveedores, sobre quienes suele ejercer presiones, e incluso vergonzosos chantajes… Con razón, los efectos en este renglón de la agricultura de la guerra económica del binomio Washington-Miami contra Cuba, se valoran en 12 millones de dólares anuales en el tabaco en rama y 106 millones en el torcido.

Cabría preguntarse, entonces, ¿cuánto menos le costaría a mi amigo la vega si no hubiera que hacer los gastos provocados por el bloqueo?, ¿cuánto más se produciría?, ¿qué cantidad adicional de divisas le entraría al país?...Pero él se puede dar el lujo de fumar el mejor tabaco del mundo. Los norteamericanos, por su parte, no tienen derecho a ese privilegio, por la misma política torpe de su Gobierno.

De acuerdo con las leyes del bloqueo, los EE. UU. multan con 250 mil dólares y hasta diez años de prisión al ciudadano de esa nación que compre un puro cubano, aunque se lo fume fuera del país.A esas alturas del debate, con el tabaco reducido a cenizas y los ojos de mi amigo clavados en la superficie de tierra lista para plantar mañana las primeras posturas de la solanácea, ironizamos con la anécdota de que Kennedy estampó, en 1962, la firma que decretaba oficialmente el bloqueo solo después de que su ayudante le había comprado una cantidad significativa de puros habanos.

Seguro que los fumó a escondidas, el pobre. Se privó, a partir de esa insensata rúbrica, de un lujo de exquisita voluptuosidad, «aunque dañe la salud», rió mi interlocutor, y empezó a liar el «mosquete» que prendería por la noche.

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