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El Reportero del Escambray

Y Cuba es una Universidad

Por Norland Rosendo González

 En busca de un sueño, como diría el trovador Silvio Rodríguez, amanecen los sábados en Cuba, haciéndolo «a mano y sin pedir permiso», porque al futuro, tanto como al presente, no le interesan las formalidades, sino el conocimiento, el hombre culto y reflexivo, capaz de transformar el mundo.Para poder cumplir esa exigencia, la Universidad nuestra se fue desde hace unos años a conquistar otros espacios, fuera de los cánones ceremoniosos de sus enclaves. Partió, definitivamente, a las montañas, los centrales azucareros, las fábricas, los parques, los cines, las casas, pues cualquier lugar sirve para instalar un aula.La universalización de la enseñanza superior es hoy una realidad y un privilegio, en una parte del continente donde, a lo sumo, dos de cada diez hijos de personas con baja instrucción tienen alguna posibilidad de acceder a estudios superiores.Cuando Fidel anunció la idea, no faltaron (o mejor, no faltamos) quienes lo calificaran de loco. Otra vez. Y él, acostumbrado a esos epítetos prematuros, explicó su «locura», como tantas veces desde el Moncada hacia acá, convencido de que era posible, necesaria y útil.Lo animaba el espíritu martiano: «el pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos.»  Al principio, muchos quisieron llevar a los municipios las mismas fórmulas de las academias, pero paulatinamente, la realidad y las ciencias pedagógicas demostraron que resultaban imprescindibles nuevos paradigmas.Los más aventajados comenzaron a decirle adiós a las clases tradicionales y al arquetipo de profesor sabelotodo, abandonaron los estrados y rompieron la distribución casi militar de los estudiantes en el aula. La universidad de nuevo tipo no puede darse esos «lujos», y tiene que formar en el tiempo exacto a los profesionales de su territorio con calidad y rigor.Las conferencias devinieron encuentros, un cambio no solo de nomenclatura, sino de esencia, para estimular modelos flexibles y prácticos, a partir de debates y reflexiones colectivas, muchas veces desde puntos de vistas divergentes, de los que siempre emergen conocimientos integrados y robustos.La experiencia también ha servido para demostrar a los profesores que nadie tiene la verdad absoluta. El éxito resulta ahora, más que de un cúmulo de datos desgranados con elocuencia, de la eficacia del proceso que facilite el aprendizaje.  Y esa idea, al parecer simple, solo es posible materializarla en una sociedad como la nuestra, dispuesta al diálogo, a la polémica y abierta al conocimiento. Porque así encuentra cauce el desarrollo.Las matrículas no tienen uniformidad generacional, entre unos alumnos y otros median, en muchas ocasiones, décadas de vida, y el equilibrio resulta posible con habilidades comunicativas para potenciar auténticas controversias de argumentos. En las nuevas universidades cubanas, cuyos profesores son los mismos profesionales del territorio, casi siempre sin locales propios para desarrollar los encuentros, se fomenta el ejercicio del criterio, de la investigación y del autoaprendizaje, sin esquemas autómatas ni memorizaciones efímeras.       ¡Qué clases! Hay espacio para hablar de todo, nada es ajeno, unos contenidos encuentran vínculos relacionados con otros; resulta posible empezar por la literatura y concluir polemizando sobre ecología social, economía política o ética. Al final, si los alumnos califican de excelente ese sábado, valió la pena la supuesta digresión, porque aprendieron, aportaron y crecieron intelectualmente. A bolina, entonces, las rutinas pedagógicas.Y esa es el aula grande que planeó Fidel. Con alumnos —a veces más veteranos que sus profesores—, que tienen conocimientos empíricos adquiridos en la cotidianidad, y los someten al rigor científico, con sus palabras y sus modos, sin cortapisas. Van a cada encuentro a aprender y enseñar. E ahí la clave.A la vuelta de unos años, si las sedes universitarias enriquecen sus propios paradigmas, a partir de los objetivos, las características y sus claustros y matrículas, Cuba podrá vivir la realidad, soñada «a mano y sin pedir permiso», de ser entonces el país más sabio del mundo.
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1 comentario

blasapisguncuevas -

Muy buen artículo.Lo añadiré a mi blog y a algunos foros. Saludos.
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