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El Reportero del Escambray

A tres cuadras del cielo

A tres cuadras del cielo El 2 de junio se cumplieron 20 años de iniciado el Plan Turquino Manatí, un proyecto para mejorar la calidad de vida de los habitantes de las serranías y garantizar su permanencia en esos sitios. Esta semana departimos con los moradores de Arroyo Bermejo, una comunidad que queda

A TRES CUADRAS DEL CIELO

Por Norland Rosendo González

Foto: Carolina Vilches Monzón

ARROYO BERMEJO (Manicaragua).— Cuando uno sube por primera vez a esta comunidad del Escambray, suele tener un pulmón donde va el hígado, éste en la cavidad del corazón, y así es tal el desorden de los órganos que largo rato después aún se  siente el caos en la caja del cuerpo.

Sin embargo, muchos de quienes han escalado los tantos metros y curvas, prefirieron asentarse aquí con familia y todo, y disfrutan de la proximidad del cielo y la obra de la Revolución para dignificar la vida de los serranos.

En este sitio vive gente de Holguín, Cienfuegos, Placetas, Santa Clara, Zulueta, San Diego del Valle…

—¿Y cómo es posible esta diversidad de procedencias?, pregunto, mirando de reojo a la enfermera Eneida Ariosa Pérez, que vino desde Zulueta a cumplir el servicio social hace nueve años y al parecer aún no lo ha concluido.

—Dicen que es el agua, quien toma agua de Bermejo se queda para toda la vida. Aquí me casé de nuevo y parí jimaguas. Hasta creo que yo misma nací en estas montañas, solo me falta perderle el miedo a las ranas.

Arroyo Bermejo está en una planicie en la cima del Escambray. Desde una de las cumbres del camino que sube por Cordovanal, dicen que se avista por las noches, cuando la neblina lo permite y abundan las estrellas, el resplandor de los barcos anclados en Casilda y hasta las luces del estadio Augusto César Sandino, de Santa Clara.«Eso lo aseguro yo», afirma Silvano Arbolaez Santana, conductor del tractor que nos trasladó hasta esta comunidad de 49 viviendas de mampostería, casi todas con floridos jardines, y muy limpias y pintadas, a pesar del fango de estos días tan lluviosos.Él conoce cada hueco en el terraplén y los precipicios en las faldas, igual que a la palma de su mano. Tiene 54 años de edad y desde los 17 anda en estos trajines por aquí.A veces, en plena cosecha, cuando no hay ni un rayito de luz en la noche y uno viaja con la carreta llena de sacos de café, los estibadores se bajan y caminan al lado del tractor para poder guiarme. CUANDO EL MONTE SE HIZO PUEBLO Aún la gente recuerda las ráfagas de viento del huracán Dennis, que pasó por Cuba en julio de 2005. No dejó un techo de fibrocemento sano y las planchas volaban como si fuesen alfombras mágicas.    Nadie se amilanó y al otro día comenzaron a recuperarlo todo. Hoy Arroyo Bermejo luce el mismo esplendor que la convirtió en una de las localidades de referencia en el trabajo del Plan Turquino Manatí.Osmany Arteaga Aguilar lleva una década de delegado de la circunscripción. Para él, la mayor virtud de los electores es la participación activa en todas las actividades que organizan.«Lo mismo en las faenas cafetaleras, que en el embellecimiento de las viviendas y demás locales, que en la búsqueda y ejecución de las soluciones a los problemas comunitarios. La asistencia a las reuniones de rendición de cuentas supera el 96%», enfatiza. Desde el portal de su confortable casa, Gilberto Carpio Álvarez —para todos los serranos: Pillo— disfruta la tarde fresca y el saludo de los vecinos. Él es uno de los fundadores de la comunidad.«Esto era un inmenso monte hasta que llegamos los primeros encargados de hacer un plan de café en 1979. Solo había dos casitas de tabla de palma, y apenas pasaban los caballos por debajo de tantas matas. «En 1984 empezaron a construir las primeras viviendas. Primero fueron 20 casas; después, con el incremento de los programas cafetaleros, se decidió edificar las otras, hasta completar la cifra actual», rememora Pillo.A todas llega el agua tres veces al día, abastecidas por un pozo de 17 metros de profundidad y una red de acueducto. Gracias a la Revolución Energética, los refrigeradores son nuevos y más eficientes, y los fogones de leña y kerosén dejaron de ser los protagonistas de la cocina.   Con el inicio del Plan Turquino, hace 20 años, se desarrolló un programa de construcciones para el beneficio social, que incluyó bodega, panadería, círculo social, parque infantil, sala de video, escuela primaria y el consultorio del médico de la familia.La instalación de salud está dotada actualmente con oxígeno, Negatoscopio (para analizar radiografías), autoclave (para esterilizar), Electroestímulo (para acupuntura), farmacia y de los equipos requeridos para prestar los primeros auxilios en casos de emergencia.A la usanza de las familias rurales, al fondo de una de las aulas de la escuela Antonio Castellanos hay una tinaja con agua fresca. Bajo la tutela de los maestros Reinel Pérez Duardo y Osmany Cruz Viera se forman 16 alumnos. Ambos cursan maestrías en las ciencias pedagógicas y confirman la utilidad de los medios audiovisuales para el aprendizaje en estas comarcas.«A los niños les interesa mucho la flora y la fauna de otros países. Ya uno les puede mostrar imágenes y vídeos de rinocerontes, hipopótamos y árboles que no abundan aquí».A Lizandra Jiménez Bermúdez y Camilo Martínez Rodríguez, dos pequeños que cursan el segundo grado, les encanta la computación: «aprendemos cosas interesantes, nos ponen juegos y cuentos, como el de Blanca Nieves y La Cucarachita Martínez», aseveran con un leguaje tan fluido, que nada tiene que envidiarle al de sus contemporáneos de las ciudades. El transporte resulta uno de los principales problemas. La guagua sube solo dos días, lunes y viernes, y cuando algún paciente requiere ser trasladado hay que avisar por teléfono para ver si las ambulancias rurales están disponibles.Hace unos meses, hubo que bajar una niña en un mulo, cuenta la doctora Mayleen Estrada Martínez, de Santa Clara, quien lleva aquí nueve meses.—¿Y también piensas quedarte?—No, no. Hasta ahora solo el tiempo del servicio social. Pero no voy a negar que esta ha sido una experiencia nueva, aprendí a montar caballo, cocinar y convivir armónicamente con la naturaleza, menos con las ranas. —¿Atiendes muchos casos diariamente? —La gente de aquí es bastante sana. Ha disminuido el consumo de alcohol y como enfermedades crónicas solo abunda el asma y la hipertensión arterial. También hay parasitismo.   La UBPC garantiza el autoabastecimiento de viandas, que les venden a los obreros a precios módicos (20 centavos la libra) dos veces por semana, hasta completar un per cápita de 26 libras, y cuenta también con un organopónico.Jorge Luis Bermúdez Carpio, administrador de la entidad productiva, asegura que ahora están inmersos en la reanimación de las plantaciones de café. Ya repoblaron una caballería y disponen de las posturas para sembrar otra.En la cosecha anterior recogieron mil 374 latas, de un estimado de seis mil 854, y para la venidera contiendan aspiran a continuar el ritmo de crecimiento.Los aficionados disfrutaron hace dos años que los peloteros del equipo de Villa Clara jugaran un play off con los bates confeccionados por ellos en la carpintería local, donde, además, hacen taburetes, mesas, camas y maletas.Las noches son apacibles aquí. Se escuchan los acordes de algunas guitarras inspiradas en las exuberancias de la naturaleza y las beldades de las mujeres serranas. Otros prefieren jugar dominó o ver películas. Al bajar de Arroyo Bermejo, uno vive nuevamente la experiencia del desorden de los órganos: un riñón fuera de sitio, el hígado cerca de los pulmones… y el corazón, queda loco por quedarse a tres cuadras del cielo.  
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