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El Reportero del Escambray

Crónica de una década

Por Norland Rosendo González.

La década de 1960 a 1970 fue decisiva para la Revolución Cubana, en ella se sentaron las bases institucionales para el nuevo proyecto social, económico y político del país. En este trabajo encontrará pormenores de las transformaciones en las relaciones de propiedad y económicas. Conozca cómo Cuba pasó del Capitalismo salvaje y dependiente de los Estados Unidos a la verdadera independencia con el Socialismo.     

Aquellos fueron años de muchos cambios. Pocos podrían haber vaticinado las transformaciones de la década de los sesenta en Cuba. La mayoría esperaba que el nuevo gobierno satisficiera las principales necesidades y eliminara el caos y la anarquía que imperaban impunemente en la sociedad de entonces. Pero el vicio, la corrupción, el descrédito, la politiquería y las estructuras capitalistas estaban muy arraigados. La Revolución era un haz de luz que desafiaba las penumbras y la inmensa oscuridad de una isla rebelde e infructuosa hasta entonces en sus anhelos de ser independiente.  

Quizá la "mala suerte" fuera una de las razones que más influyeron en la incertidumbre y el compás de espera que coexistían con la efervescencia y el desenfado de los cubanos en 1959. Fidel Castro tenía un discurso diferente y los barbudos no se comportaban como era usual en el Ejército. ¿Sería suficiente para pronosticar lo que vendría después? Los compromisos del nuevo gobierno eran muchos. Demasiadas promesas estaban aplazadas.

Sin embargo, la obra revolucionaria adquiría dimensiones que rebasan las aspiraciones y la estabilidad del capital extranjero y nacional. Comenzaba el encontronazo de intereses. El cambio parecía entonces más radical que un simple reemplazo de poder en el gobierno. El tiempo, las circunstancias, la inexperiencia y las arteras traiciones que se urdían para hacer zozobrar a la Revolución obligaban a actuar con inteligencia, seguridad, celeridad y aplomo.

La economía cubana estaba totalmente deformada. El capital norteamericano dominaba los principales renglones. La monoproducción y la monoexportación de azúcar restringían nuestro desarrollo. La balanza comercial era desproporcionalmente desfavorable. Las relaciones de intercambio con EEUU estaban establecidas para beneficiarlos a ellos. El poder político estaba liderado por los latifundistas, la burguesía azucarera y la comercial importadora. Cuba seguía siendo un paraíso tropical para los norteamericanos.

Aquí invertían y aquí amasaban una fortuna con relativa facilidad. Las condiciones estaban creadas con ese propósito. La anuencia y la complicidad de un reducido grupo de nativos que disfrutaban también del "casino isleño", en contraste con la inmensa mayoría, garantizaba la eternidad del emporio. 

En esas circunstancias, para la Revolución en el poder, se hacia imprescindible un proceso nacional liberador que nos desatara de la dependencia a la cual estábamos sujetos, y que nos convirtiera en los verdaderos dueños de nuestras riquezas. Proceso que sentó las bases para la desaparición definitiva de la propiedad capitalista. 

LA TIERRA PARA LOS QUE LA PRODUCEN 

Aunque la estructura de la propiedad agraria al finalizar la primera Reforma Agraria no era compatible con los contenidos socialistas revolucionarios que signaron el proceso de nacionalización a partir de octubre de 1960, fue un antecedente sin el cual sería muy difícil comprender lo que sucedió después. Este momento constituyó un golpe demoledor para los propietarios de inmensos latifundios. Se redistribuyó aproximadamente 67% de la tierra. Los beneficiados fueron los pequeños campesinos y el Estado, quien asumió el control de 40% de la superficie. Se disminuyó a 400 hectáreas el total permitido a cualquier persona natural o jurídica. Doscientas mil familias recibieron los títulos de propiedad de las tierras que estaban trabajando desde antes del Triunfo de la Revolución, como prometía la Ley número 3 de las Sierra Maestra, concebida en 1958.  

Sin embargo vale recordar que mientras los campesinos dominaban 2.5 millones de hectáreas, los terratenientes conservaban todavía 1.8 millones en los finales de 1961. Esta correlación debía reajustarse mejor a los requerimientos del proceso, pero era muy importante en aquellos momentos aprovechar las capacidades de quienes hasta entonces controlaban la producción de la agricultura y tenían las condiciones necesarias para ello sin que se produjera un desplome brusco y fatal para la consolidación del nuevo gobierno. Era vital la coexistencia con un sector propietario muy fuerte y que podía incluso, como lo hizo, ofrecer resistencia y oposición a los cambios más radicales.  

La Segunda Ley de Reforma Agraria (octubre de 1963) barrió definitivamente con los grandes latifundios. Para ese entonces ya estaba en marcha la ofensiva contra los vestigios del Capitalismo en nuestra economía. La extensión máxima permitida se redujo a 67 hectáreas. Si en 1961 se había nacionalizado 37% de la tierra, dos años después ya el porcentaje se elevo a 70.

 

 Hacia 1966 el Estado controlaba poco menos de 50% de la masa de ganado vacuno, 75% de la producción de caña, y la totalidad de cultivos industriales como henequén, kenaf y algodón. Mientras los campesinos tenían un peso fundamental en el tabaco, café y más importante que el Estado en la producción de leche y tubérculos.

 

 El proceso de formación de cooperativas tanto de créditos y servicios (CCS) como de agricultores pequeños (CPA) determinó el establecimiento del otro tipo de propiedad socialista. Los campesinos asociados en las cooperativas recibían ayuda estatal en forma de créditos, precios justos en la venta de los insumos y requerimientos materiales, y colaboración técnica fundamentalmente.

La esencia de las transformaciones económicas más importantes en ese período, opina José Luis Rodríguez en el artículo La economía de Cuba Socialista, radica en el rompimiento con las estructuras agrarias caducas como eslabón que determinaba el atraso y la miseria del pueblo, y con el dominio imperialista que asfixiaba a la economía en general, y principalmente a la agricultura, a través del latifundio azucarero.

LIMPIEZA MORAL 

La confiscación de los bienes a los malversadores enriquecidos con el erario público y negocios turbios amparados por los gobiernos anteriores a 1959 fue una etapa interesante de la nacionalización, que se desarrolló a partir de los primeros momentos de la instauración de las autoridades revolucionarias. Ello contribuyó a que el Estado tomara posición de un conjunto de propiedades significativas. Esta medida tenía un sentido de justicia social y no tuvo un carácter socialista. Influyó sobremanera el imperativo del saneamiento moral en la nueva sociedad; barrer con los residuos corrompidos de la Cuba prerrevolucionaria constituía un paso significativo en la legitimación y autenticidad de los cambios que se venían operando.  

En el verano de 1960 el gobierno revolucionario decidió intervenir las empresas y los bancos norteamericanos en Cuba como respuesta a la posición francamente hostil y agresiva que habían tomado en relación con el proceso que se estaba desarrollando. La medida tenía un carácter eminentemente antiimperialista. 

PASO A LA AUTÉNTICA PROPIEDAD SOCIALISTA 

No se podía hablar aún del establecimiento de la propiedad legítimamente Socialista en nuestro país. El hecho que sirve de referencia para señalar el inicio de ello fue el proceso de nacionalización de todas las propiedades capitalistas que comenzó en octubre de 1960 con la Ley número 890. "Hasta ese momento las intenciones del gobierno revolucionario, explica Carlos Rafael Rodríguez en La Revolución Cubana y el periodo de transición, no entrañaban un cambio inevitable hacia posiciones socialistas.

Aún después de la Reforma Agraria, de la recuperación de bienes malversados y de las nacionalizaciones de las fundamentales empresas imperialistas, Cuba estaba en una situación que teóricamente permitía la subsistencia, durante un período, de una forma capitalista de desarrollo." Y no es que se alentara el desarrollo por vías capitalistas, sino que no se descartó la posibilidad de que la burguesía industrial no azucarera jugara un papel positivo en la economía nacional. Idea que fracasó por el alineamiento de estos con los intereses imperialistas. 

La liquidación de la propiedad capitalista se produjo a través de un proceso de nacionalización, y estaba concebido con indemnizaciones, aunque en muchos casos no se llevó a cabo así por las posiciones de boicot que asumieron muchos de los antiguos dueños, reacios a admitir la intervención de sus propiedades. 

En la Plataforma Programática del PCC se especifica la necesidad de esta medida en las aspiraciones nacionales. "...entre el Capitalismo y la fase Socialista de la formación económica y social Comunista existe un período de transición, en el cual el Estado existente es el de la dictadura del proletariado, y en cuyo transcurso se transforma toda la vida de la sociedad, se liquida toda posibilidad de restauración del Capitalismo, y se construye el Socialismo." 

BALANCE DEL PROCESO 

La eliminación de la propiedad privada capitalista en los sectores fundamentales de la economía se desarrolló en un período de tiempo relativamente breve, y ofreció la oportunidad de crear un centro socioeconómico único mediante el cual garantizar el progreso de las fuerzas productivas y de las relaciones socialistas de producción correspondientes.  El siguiente cuadro comparativo ilustra como varió el peso de la propiedad estatal de 1960 a 1969.   

SECTORESAño 1960 (%)Año 1969 (%)
Agricultura3770
Industria85100
Construcción80100
Transporte92100
Comercio May.100100
Comercio Ext.100100

  El proceso fue adquiriendo cada vez dimensiones mayores. No sólo iluminó a quienes nunca habían tenido noción de la claridad de una Revolución profunda, sino que cegó a los que intentaron neutralizarla.  

El establecimiento y consolidación de la propiedad socialista en nuestro país ocurrió fundamentalmente entre 1960 y 1966. En ese lapso tuvieron lugar cambios muy radicales y profundos. Los errores, extremismos y disfunciones no estuvieron ausentes, y eso es lógico en todo proceso como el nuestro. Pero lo loable es la concepción, la certeza de la propuesta y la pasión con que se emprendió el asunto. Los resultados así lo corroboran.  

El comunismo era una palabra proscrita en la Cuba de aquellos años. La propaganda de los medios de comunicación al servicio del imperialismo y de la oligarquía nacional distorsionaba la realidad de la Unión Soviética y del resto del campo socialista. Ese es un elemento que no se puede olvidar a la hora de analizar las transformaciones estructurales en la economía, y máxime de la propiedad. Si bien no podemos considerar que la Primera Ley de Reforma Agraria, las confiscaciones de bienes y las nacionalizaciones del capital norteamericano en el verano de 1960 fueron medidas respaldadas por un presupuesto socialista consciente, tampoco podemos desconocer la importancia de esas decisiones en el acondicionamiento del terreno para la instauración posterior de la propiedad socialista sobre los medios de producción, acordes con una proyección ideológica garante de ese comportamiento en el terreno económico. 

Lo cierto es que la gran propiedad capitalista fue sustituida por las formas socialistas con predominio de la Estatal, y cobertura para la cooperativa en el sector agrario, a la vez que se respetó a los campesinos individuales que no desearon asociarse, lo que demuestra la transparencia del proceso. El sector no agrícola sí fue asumido íntegramente por el Estado Socialista.  ¿Quién hubiese vaticinado en medio de la euforia de la entrada de los barbudos en La Habana, o en los meses ulteriores el verdadero rumbo de aquella Revolución? El tiempo demostró que las utopías no eran imposibles. Aquella no fue una aventura de descabellados e ilusos, como muchos pensaron. Fue la obra de un grupo de jóvenes románticos. Pero no de cualesquiera, sino de románticos con convicciones, inteligencia y un futuro que construir.   

Para la redacción de este material consultamos básicamente las revistas Economía y Desarrollo de la década de los sesenta; Cuba Socialista de ese lapso también y los trabajos:Rodríguez García, José Luis. El desarrollo económico y social en Cuba: resultados de treinta años de Revolución.Rodríguez García, José Luis. La economía de Cuba socialista. Rodríguez, Carlos R. La Revolución Cubana y el período de transición.                                                                 

«Yo vivo enamorado de las dos»

«Yo vivo enamorado de las dos»

Por Norland Rosendo González
Foto: José Hernández Mesa

Ciriaco González es un campesino cubano que vive en el centro de la Isla y no disimula su placer por tener dos romances a la vez.

En la finca El porvenir, entre Agua Fría y La Esperanza, a unos ocho kilómetros de Fomento, 42 de Manicaragua y 34 de Placetas, vive un guajiro con dos esposas.

Con Emelina Cruz Cabello contrajo nupcias en 1953, y tienen nueve hijos —siete hembras y dos varones—, 17 nietos y ocho bisnietos. De la otra se enamoró mucho antes, sin tener todavía 10 años, y lleva seis décadas consecutivas romanceando con ella: la vega de tabaco.

Su hogar está ubicado en una de las regiones de Villa Clara que menos llueve, semejante a un semidesierto, con terrenos áridos, abundante polvo y escasa vegetación silvestre; hay pocas palmas en el entorno, y solo algunas guásimas, aroma, zarzas, ateje y unas matas de plátanos muy escuálidas rodean la vivienda, donde Emelina se empecina en cultivar rosas.

Allí tiene su fortuna Ciriaco González Cabello, un campesino de 78 años, que no cambia ese pedazo de tierra por ningún palacio citadino. El bullicio de las urbes lo desconsuela y la vida en edificios le recuerda al tocororo enjaulado.

A las diez de la mañana de una de estos días helados de febrero, lucía en plena faena su sobrio traje de campaña: botas de goma, pantalón y camisa mangas largas llenos de pelusas de tabaco, y un machete ceñido al cinto.

Usa espejuelos que le ayudan a ver mejor y protegen la prótesis del ojo derecho, afectado en sus años mozos por la patada de un buey. Desgarbado y alto, con mechones de canas que quedan por debajo de las alas del sombrero de yarey, detiene la yunta para saludarnos y enseñarnos el tramo que aún le falta por hacer antes de regresar a su casa.

«Vayan y tómenle el café a Emelina, que ahorita voy para allá.»

Ciriaco sembró para esta cosecha 200 mil posturas, en menos de una caballería de tierra (su record fue de 300 mil posturas hace varios años). Aplicando la matemática, los técnicos le auguran un rendimiento de cerca de 350 qq/cab, lo cual debe aportar, más o menos, 154 quintales de tabaco.

— ¿Mucho o poco?

—Mis cálculos son más optimistas: yo me acercaré esta vez a los 190 quintales, solo hace falta uno o dos aguaceros, porque buen clima ha hecho hasta ahora.

— ¿Y qué más disfruta usted de la vega?

Posa la mirada en la del económico de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) a la que pertenece, y bromea, con una sonrisa silente y pícara: «cobrarla; cuánto más dinero, mejor estaba.

«Para un campesino que se ha pasado la vida en esto, resulta un premio ver la siembra parejita, con un color intenso y las matas robustas.

«A mí me encanta entrar al campo y que las puntas de las hojas rocen mi barbilla.»

— ¿Por qué siempre tabacalero?

—Yo puedo decir que nací dentro de un tabacal. La primera imagen que recuerdo del mundo es un mar verde casi infinito, y a mi padre dentro de él, enseñándome los secretos para que las cosechas fueran buenas, tuvieran exquisito aroma y rindieran lo suficiente para comer y vivir decentemente.

«Era un vejigo y ya madrugaba con mis hermanos para ayudarlos a ordeñar, y después tenía que regar posturas para seis o siete sembradores a la vez.

Poco a poco fue aprendiendo y cogiendo habilidad, porque el tabaco —asevera— tiene sus mañas, no es solo asunto de plantar, guataquear, regar el abono y el agua, cortarlo y curarlo.

«Hasta los 17 años estuve trabajando con el viejo; pero cuando cumplí esa edad me regaló una yunta de bueyes, un caballo y un pedazo de tierra, y me dijo: ‘a partir de ahora eres dueño de tu cosecha’.

«Hace 60 vegas de eso y no he dejado nunca de sembrar tabaco, ni durante los dos años que no me dieron tierras en la cooperativa y tuve que plantarlo en el área del autoconsumo familiar.

DEL GUATEQUE A LA GUATAQUEA, SOLO HAY UN CAMBIO DE TRAJE

Ciriaco era un joven analfabeto, apenas sabía de la rudeza del trabajo en el campo y las historias que hacían en la casa para espantar el aburrimiento cuando terminaban de comer, hasta que a los 18 años pensó: ‘tú no puedes quedarte sin saber leer y escribir’, y decidió ir todas las noches a caballo a recibir clases con un maestro particular por cinco pesos mensuales. En seis meses aprendió un mundo, afirma.

«Con esos conocimientos y las notas que le sacaba a un tres comprado con mis ahorros, podía conversar sin miedo con las muchachas en las fiestas, y bastante afortunado que era yo con las mujeres... »

— ¿Y cuántas novias tuvo, Ciriaco?

Mira de reojo para su esposa que está en la cocina, a unos cuatro metros, en los trajines del almuerzo. Asoma otra vez los dientes en pose de galán pícaro, estaba a punto de caer en la tentación de contar sus aventuras románticas, pero nota que dos hijas suyas están pendientes de la respuesta, y encuentra una salida genial para el trance: «esos son secretos de guerra.

«Pero sepa que no había guateque por aquí al que no asistiera, me ponía una camisa blanca, unos zapatos bien lustrados, me echaba encima el tres, que apenas llegaba al lugar de la fiesta se lo daba a uno de los músicos, y empezaba a bailar y a conversar con las muchachas...

«Y cuando regresaba por la madrugada a mi casa, a eso de las dos o las tres, no piense que iba a descansar. Como a las cuatro había que tirarse, yo prefería cambiarme el traje por el de trabajo y coger pa´l campo.

Ese era el precio de la fiesta; sin embargo, ahora son las diez de la mañana y aún los jóvenes están en la cama para reponerse de la actividad».

«Vamos a almorzar», invita Emelina, mientras le pone a su esposo un plato de harina de maíz humeante en la mesa.

«No se asuste periodista», bromea él, mirando para Antonio Rodríguez, el corresponsal de la CMHW en Manicaragua, «también hay arroz y frijoles, pero yo estoy adaptado a la harina todos los días, a veces hasta por las noches me sirvo un poco».

Ciriaco almuerza sin prisa. Tras la harina, se tomó un plato de frijoles, y otra vez harina, ahora con leche y azúcar. No sé cuándo se comió el huevo frito, pero sí pellizcó una cuña de queso blanco antes de recostarse en el taburete, como auténtica señal campesina de haber concluido.

Y DEL VERDOR AL AMOR, OTRA VEZ CAMBIO DE TRAJE

De sobremesa, con una brisa sana que mece los penachos de una de las palmas cercanas y hace tenues olas en una represa existente frente al hogar, aprovecho que está el matrimonio junto para lanzar otra pregunta íntima: ¿Cómo fue el noviazgo de ustedes?

Emelina suelta una carcajada en tres tiempos. «Cada vez que lo veía me saltaba el corazón. Eran unos brincos extraños en el pecho cuando el venía a visitarme los domingos por la tarde en su caballo dorado, con el sombrero de paño y la ropa impecable, sin una mancha de polvo siquiera.»

Y él concluye: «yo estaba loco porque llegara ese día. A la una de la tarde terminaba la faena, e iba directo para el baño y a ponerme las mejores galas, pues sabía que ella estaba en el portal de su casa esperando mi llegada.

— ¿Qué es lo que más le gusta de ella?

— ¡Cómo cocina! La harina por lo menos le queda que sabe a gloria. Vuelve a dibujar la sonrisa silente. «Eso fue un chiste, ella es una excelente esposa. Nosotros llevamos 53 años juntos y nunca hemos tenido disgustos, vivimos muy felices por el hogar y la familia que fundamos.»

— ¿Y a usted de él, Emelina?

—Que es muy trabajador. A veces siento celos de la vega, pues entra desde por la madrugada en el campo y no sale hasta que termina la norma que se impone para la jornada. Cualquiera diría que le dedica más tiempo al tabaco que a mí. Pero no lo quiero mejor, ni como marido ni como hombre, desde muy joven supe que era a quien quería para compartir la vida. Y lo logré.

— ¿Por esa envidia de Emelina es que sus vegas siempre están entre las mejores de la zona?

—Eso es el resultado de mucho trabajo. Madrugadas enteras a pesar de frío; y sobre todo, una buena preparación de la tierra. Ahora no todo el mundo puede hacerlo porque en la misma área tiene que cosechar otros productos, pero lo ideal resulta romper en julio para poder montar la surquería en agosto, y entonces tener tiempo para acondicionar bastante el terreno antes de la siembra.

«Yo amarro la vega hoy y ya mañana estoy rompiendo la tierra.

«En la punta de la reja del arado y en la guataca está la calidad de la hoja, la salud de las plantas. Claro, cuando la naturaleza no ayuda es más difícil. Aunque si uno asiste la vega como debe ser, hasta sin llover puede coger buen tabaco.»

Con tanto diálogo sobre el tema, Ciriaco descubre los deseos de Pepe, el fotógrafo, de fumar un puro, y manda a un hijo a buscar una gavilla: «le voy a hacer un tabaco con hojas de la cosecha del 2004, porque la pasada fue una de las peores de la historia.»

Lió el «mosquete» con manos de experto torcedor, y las volutas de humo confirmaron la notoriedad de sus vegas.

«¡Qué bien arde, y sabe mejor!», sentenció Pepe para agradecer el obsequio, mientras preparaba la cámara para tirarle el último flachazo al longevo matrimonio, que le echaba la comida vespertina al pródigo patio de aves.

Los costos del bloqueo de Estados Unidos en la agricultura de Cuba

La agricultura, un sector cuyo desarrollo es clave para la producción de alimentos y en consecuencia, para lograr una mejor calidad en la alimentación del pueblo cubano, sufrió afectaciones por el bloqueo estadounidense que alcanzaron un monto de 108.5 millones de dólares.La exportación de frutas tropicales cubanas hacia los Estados Unidos constituía un renglón tradicional en nuestras exportaciones antes de 1959. Si se toma en cuenta las ventajas arancelarias que ofrece Estados Unidos a las importaciones de frutas, Cuba pudiera exportar hacia ese país 13 mil toneladas de aguacate, mango, coco y papaya, entre otras, con un valor aproximado de 25 millones de dólares.En la exportación de los productos citrícolas y sus derivados se registran pérdidas por concepto de precio y flete, valoradas en 4.5 millones de dólares anuales. Aproximadamente el 50% de las exportaciones actuales podrían situarse en el mercado de Estados Unidos, entre otras razones, por las diferentes fechas en que se realizan las cosechas de toronja en Cuba y en la Florida, lo que permitiría el acceso del producto cubano sin competir con el doméstico. Las semillas de papa deben ser importadas pagando fletes un 50% más caro que si fueran compradas en el mercado estadounidense. Solo por este concepto, Cuba podría sembrar 2 300 hectáreas más y adquirir, como mínimo, 57 mil toneladas adicionales, lo que redundaría en beneficio del consumo para la población.Asimismo, el bloqueo impide el acceso de la producción animal de Cuba a las tecnologías más avanzadas en materia de alimentación animal desarrolladas por los Estados Unidos. Si los agricultores cubanos tuvieran acceso a dichas tecnologías podrían, con la actual masa de aves en producción, incrementar en 291 millones de unidades la producción de huevos y en 8 800 las toneladas de carne de ave.El costo directo del bloqueo en la producción avícola asciende a los 59.6 millones de dólares anuales. Solo por  tener que adquirir las materias primas para piensos avícolas en mercados distantes, este sector incurre en gastos adicionales superiores a los 10 millones de dólares.Igualmente, las restricciones impuestas a Cuba para la adquisición de combustibles, piezas de repuesto para equipos agrícolas, transporte de carga, medios para la protección de plantas y fertilizantes, inciden negativamente en los rendimientos de las producciones agrícolas y pecuarias. El país debe importar anualmente cerca de 35 mil neumáticos de diferentes tipos, el 80% de los cuales procede de Asia y el resto de Europa del Este, lo que provoca pérdidas de cerca de medio millón de dólares solo por concepto de fletes.El servicio veterinario también es afectado por las presiones que las autoridades norteamericanas ejercen para obstaculizar la adquisición de materias primas para la producción de medicamentos, equipos y kits diagnósticos, estos últimos producidos únicamente por firmas norteamericanas en la mayoría de los casos. Estas medidas inciden directamente sobre el enfrentamiento a las plagas que afectan a la masa animal cubana, algunas de ellas introducidas en el país, como consecuencia de agresiones biológicas norteamericanas. Enfrentar solamente dos de estas plagas: la Dermatosis Nodular Bovina y la Varroasis en las abejas, cuesta al país cerca de un millón de dólares anualmente.

Cuando yo le regalé unas galletitas a Fidel Castro

Cuando yo le regalé unas galletitas a Fidel Castro

El pasado día 13, Fidel Castro Ruz cumplió 80 años. En Guatemala un niño tiene su nombre y sueña con asistir a un cumpleaños del Comandante en Jefe.

Por Norland Rosendo González

Quizás sea la única vez que yo le regale unas galletitas a Fidel Castro. Cuatro días antes fue su cumpleaños y no asistí, ni siquiera lo sabía. Entonces salvé la ocasión con los paquetes de galletas que llevaba para el viaje y brindamos con refresco de cola.

Eran más o menos las once de una mañana del año 2002 y nadie en Sticajó esperaba visitas. Los días allá arriba, en la cordillera de Los Cuchumatanes, a unos 3500 metros sobre el nivel del mar, transcurren apacibles y sin sol, casi aburridos si no fuera por el infinito horizonte azulado de la selva Lacandona, fronteriza con México, y el privilegio de ser parte de los centroamericanos que más cerca están del cielo.

Dos médicos aventureros, un guía que nunca había ido al lugar y yo caminamos desde la madrugada sin rumbo fijo. Sería mi primera conversación a solas con un Fidel Castro, con certeza el único de aquellos lares. Fue un viaje a pie de casi 20 kilómetros serpenteando cuestas.

El diálogo ocurriría en una montaña, él vestido con atuendos de militar y yo solo con mi libreta de notas y una cámara fotográfica, semejante al encuentro sostenido por el Comandante en Jefe en la Sierra Maestra con el periodista norteamericano Hebert Mathew.

Le pasé la mano por la cabeza tratando de regarle el pelo pero estaba pelado bajito, un corte de cabello al estilo castrense. Casi nunca se quita la camisa verde olivo; no usa charretera de oficial, pero tiene segundo grado.

Apenas empezamos a hablar me dijo lo de su cumpleaños, destapamos el pomo de Coca cola simulando descorchar una botella de champán, y abrimos el primer paquete de galletitas.

— ¿Y tú conoces a Fidel Castro, el de nosotros?

— Ese, y apuntó para mi agenda, entre las hojas reconoció la foto. Es el hombre bueno de la barba blanca. Los médicos me han dicho que es el mejor papá del mundo, que todos los niños cubanos son sus hijos.

— Pero él también se preocupa por ti, mira como te manda médicos para que estés sano y si enfermas te cures rápido.

Hizo un tenue movimiento de cabeza afirmativo con la mirada clavada en el suelo. «Yo me visto igual que él, esta camisa me la regalaron los médicos cubanos. Mi papá me dijo que cuando baje al pueblo me va a comprar una gorra verde.»

— ¿Y por qué te pusieron ese nombre?

— No sé, me lo puso mi papá. A él le gusta oír por la radio cosas de Cuba.

Y ahí vino la pregunta de Fidel Castro Pedro López que le cambió el rumbo a la entrevista:  

¿Cómo son los cumpleaños del Fidel Castro de ustedes, se lo celebran como a los niños ricos de Guatemala?

Le hice entonces una historia al estilo de los cuentos infantiles. Le dije que los días 13 de agosto Cuba convierte en una piñata gigante de risas y tortas (cakes) en los parques de las ciudades y en los pueblos de las montañas parecidos a Sticajó. Que todos los niños le cantan felicidades al abuelito de la barba blanca, y aunque sea por la pantalla del televisor le dan un beso.

«Debe ser bonita esa fiesta. Le voy a decir a papá que me lleve un día. Le compraré un regalito y le diré felicidades, como me hicieron unos médicos cubanos el día de mi cumpleaños.»

Entonces le aseguré que cuando lo viera en La Habana le iba a decir que tiene un hijo en Guatemala con deseos de asistir a su cumpleaños. Y para festejar de antemano, por el Fidel pequeño y por el gigante nuestro, abrí el último paquete de galletas, volví a llenar los vasos con refresco, y brindamos: Felicidades Fidel.

Zara Santa tiene un nuevo novio

Por Norland Rosendo González

Bajo una inocente llovizna llegó, a las diez de la noche, el carro que reparte sueños a las familias más pobres, con su carga de estibadores jóvenes y la caja con el regalo enviado por el nuevo novio de Zara Santa López Ponce.Desde muy temprano aguardaba en el portal para recibir el obsequio. Y desde hace mucho tiempo, a pesar de los años de poca bonanza económica, sabía que él no se olvidaría de ella.Mientras, esta mujer de ojos brillosos alimentaba y cuidaba a sus hijos: Rosa García de 42 años, con retraso mental profundo y Humberto (el pingüe), de 44, con retraso mental severo, gracias al esfuerzo sin descanso de sus manos y piernas en largas caminatas y diversas faenas para ganarse el dinero, y la energía de su risa sin malicia para soportar momentos amargos.Pero ahora Zara Santa cuenta con la ayuda de su novio. Y como él es tan bueno, y tiene tantas enamoradas como ella, lo celará, desde la pantalla del PANDA que le regaló la noche del miércoles, para amarlo con todo su corazón, aunque se le salga del pecho al verlo anunciando más noticias buenas para quienes nunca perdieron la fe en la Revolución. 

El día que comenzó dos horas antes 

Cuando llegó el carro no había luces encendidas en su modesta vivienda. Todos dormían. Esperaron hasta que la noche los venció, y amanecieron más temprano que de costumbre —y eso que Zara Santa se le adelanta a los gallos—. El jueves para su familia comenzó dos horas antes de que terminara el miércoles, con el arribo del televisor, el primer equipo electrodoméstico de la casa. En su rostro se dibujó, sin maquillajes, la inocencia de las niñas pobres cuando le regalan una muñeca nueva. Repartió besos, risas y gracias, en la penumbra de una noche sin estrellas e iluminada por el candil de un mechón de llamas que dejan sus volutas impresas en el techo.«Yo quería encender la luz nueva— la única eléctrica existente en el hogar—, pero, óigame, ajunté los alambritos esos y me entró un calambre en los dedos que bailé sin música, y los solté de un tirón, ¡qué va, yo no toco eso más! «Nunca fui a la escuela, pero yo sé mucho, a mí no hay maleante que me meta por mal camino. La gente del otro gobierno era mala. Desde chiquita yo estaba 'trepá' en un taburete cocinando. Fidel sí es bueno, y la muchachita rubia —la trabajadora social Yanislay Moreno Rodríguez—, es de los hijos que él tiene por aquí para atendernos a nosotros.«Usted sabe, ella y yo somos buenas amigas. Me trajo calderos, platos, un colchón y la sabanita blanca pa’ la cama de pingüe. La tenía puesta para cuando ustedes llegaran pero él se acostó antes.» Zara Santa duerme en una colchoneta rellena con paja de arroz y la hija se cubre por las noches con una lona de montero. Mucho frío que pasaron en diciembre y enero, cuando se tiraban hasta los  sacos encima para resistir las temperaturas heladas que se colaban por las hendijas de las puertas y ventanas.«Y yo que les quería hacer café pero no me dejaron molerlo, porque ustedes venían en cualquier momento. El molino que a mí me gusta queda lejos, por la calle de La Cruz (casi a dos kilómetros de su casa). Cuando me dijeron lo del televisor me puse nerviosa, como atizá de los nervios, y encendía mi mocho de tabaco y se apagaba, y una vecina me quería dar una pastilla, pero le decía que no, yo corría de aquí pa’ allá, con una alegría que casi lloro.»Me van a traer una mesita bonita de las lomas para ponerlo, porque la única que tengo es está, la de comer. Ya compré la cosita esa para poner la corriente (un toma), me costó quince pesos, me dejó pelá la cartera, pero así se entretienen los muchachos míos. Ellos no salen a ningún lugar ni a casa de los vecinos casi.

— ¿Y qué vas a ver en el televisor, pingüe?

Se ríe. Baja la cabeza y murmura: los muñequitos, y se esconde detrás de una puerta.

— ¿Y tú, Rosa?

La novela, responde, alargando ingenuamente la frase, mientras encoge los hombros y achica los ojos brillosos.Al día siguiente, con los primeros claros, los vecinos fueron a ayudar a Zara Santa López Ponce a instalar el televisor que le mandó su nuevo novio, quien, como dice ella, es el mejor que puede tener una mujer en este mundo: Fidel Castro Ruz.

Por quién doblan las campanas mediáticas de Estados Unidos?

 

Por Norland Rosendo González

 La prensa de Estados Unidos comenzó, tras anunciarse la Proclama de Fidel, un repique incesante de añejas campanas, y los editores dejan desde entonces un espacio estelar para su gran noticia.

Son tañidos de falacias que en forma de comentarios, noticias, reportajes y entrevistas intentan ensordecer a la opinión pública mundial, con la sádica intención de vender, a la usanza de las técnicas modernas del marketing, «una necesaria transición en Cuba».

Así amanece cada mañana en Internet. Los textos reflejan el estado de soñolencia por la eterna vigilia, esperando, igual que tantas madrugadas desde 1959, la noticia que los haría feliz, y por la que en estos primeros días de agosto celebraron otra vez con la amarga bebida de los fracasados.

Al cierre de cada edición se reitera la vieja rutina: los editores rellenan sus portadas con aserrín informativo, pues su gran noticia no llega.

Y hay temas de la política doméstica e internacional que pudieran ocupar esos espacios, por ejemplo, los devastadores bombardeos israelíes contra el Líbano, con imágenes desplegadas, a todo color, de la masacre, de los niños con las miradas pedidas por los padres perdidos. Pero no, esa no es su gran noticia.

Israel, enfatizan, tiene que defenderse de Hizbolá, y hay que apoyarlo. La prensa debe tener en cuenta que Tel Aviv es agredida por bandas de terroristas árabes, repiten en la Casa Blanca.

Y a los periodistas que no enfilan sus ideas así, W. Bush les niega el acceso al Gobierno; sólo les extiende pasaporte libre a los reporteros fieles, pues él sabe que estos no someterán sus decisiones, por muy hitlerianas que sean, al escrutinio público.

¿Por qué esa industria mediática, con un olfato sensacional para rastrear las grandes noticias, no reflejó las espectaculares estafas electorales en los comicios del 2000 y el 2004?

La segunda vez, según el recuento oficial de votos, Bush ganó con 3 millones de ventaja; pero las encuestas a pie de urna dijeron que John Kerry había recibido 5 millones más que su contrincante. ¿A quién creer? Buena pregunta para el periodismo de investigación norteamericano, que tanto se ufana de ser ¿serio?, ¿objetivo? y ¿ético?

Imagino que en el último mitin de la noche los editores discutan hasta el titular, el puntaje y el tipo de letra que deben emplear para su gran noticia fechada en Cuba.

Ese sería un excelente momento para decidir la publicación de las consecuencias ecológicas y económicas ocasionadas por las explosiones en varias montañas para extraer carbón. Según fuentes alternativas, y muy fidedignas por cierto, más de mil millas de terreno han sido afectadas en el estado de Virginia.

En diciembre de 2003, la opinión pública hubiese deseado acceder a comentarios serios sobre la rúbrica de la Intelligence Authorization Act, la ley que aumenta los fondos para espiar a los propios norteamericanos y autoriza a grabar conversaciones privadas sin orden judicial. Pero sobre ese tema, ni una línea discrepante.

Washington aprovechó los devastadores tsunamis para posicionar sus fuerzas bélicas en Asia. Tras bambalinas, sin pudor diplomático ni sentido humanista, condicionaron su insignificante ayuda al derecho de establecer más bases militares en el área. La gran prensa no dijo eso, optó por publicitar la ridícula bondad del emperador W., como si él fuese tan noble y caritativo.    

Y ahora los editoriales llaman a la cruzada contra Irán. Dicen que por el riesgo mundial que implica el programa nuclear persa; omiten que el interés real de los halcones son los yacimientos de petróleo de esa nación.

Del vecino Irak, donde cada vez se hunden más en el descrédito las fuerzas agresoras, solo publican reportajes vacíos que incitan a sostener la guerra, intentan «vender» una falsa victoria, con textos que reproducen el guión de un triste show dictado por dramaturgos bélicos al borde de la ruina.

Y del caso de los Cinco Héroes cubanos, ni hablar; huelgan los cometarios.

Las campanas mediáticas de Estados Unidos doblan y doblan. No cesan desde el día 31 de julio, y el espacio para difundir su gran noticia de Cuba tiene que ser cubierto al cierre, como tantas madrugadas desde 1959, por notas banales o por mentiras.

Lo más triste es que entre los asuntos inéditos, los editores pudieran escoger sensacionales verdades, pero son muy fuertes, tanto que volverían endeble al emperador y su séquito. Y las extrañas reglas de la libertad de prensa made in USA prohíben a las campanas doblar por él.

En miami tienen el cerebro en apagón

En miami tienen el cerebro en apagón

 Por Norland Rosendo González

«La gente de Miami está cada día con menos luz en el cerebro y en el corazón, y yo aquí instalando breakers en los hogares de Güinía de Miranda, para garantizar mejores condiciones del servicio eléctrico.»

Así replicó a las provocaciones de la mafia de la Florida, en Estados Unidos, el trabajador de la Empresa Eléctrica, Máximo González Fleites, quien labora en esa tarea, que forma parte de la Revolución Energética, impulsada por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, con el propósito de contribuir al ahorro y elevar la calidad de vida de los cubanos.

«Aquí la vida sigue igual, porque Raúl es tan patriota y revolucionario como Fidel, y sabrá conducir los destinos del país con el mismo acierto del Comandante, mientras él esté convaleciente.

«La gente me recibe con alegría, pues en muchos hogares había viejos artefactos que no garantizaban seguridad para la red eléctrica doméstica. Ahora no, con este breaker de 32 amperes no tendrán que preocuparse por cualquier contingencia, se dispara solo y el restablecimiento es manual y muy fácil.

«A Fidel le digo que esté tranquilo, que nosotros nos mantenemos trabajando como siempre, pues esta Revolución es del pueblo, y a nosotros solo nos preocupa su salud, porque la vitalidad del Socialismo es incuestionable aquí. «La luz que le falta a la mafia, nos sobra y nos sobrará a los cubanos siempre, pues los portadores energéticos empleados para generarla son las ideas, la convicción de que un mundo mejor es posible y necesario, la verdad y el humanismo.»  

 

Mi trinchera es el surco

Mi trinchera es el surco

Por Norland Rosendo González

 A sus 85 años de edad, Justino González Pérez no conoce todavía el descanso laboral. Y ahora que Fidel le pidió al pueblo en la Proclama seguir trabajando mucho y bien mientras se recupere de su enfermedad, Justino parte cada amanecer un poquito más temprano, guataca o machete en mano, rumbo a los predios de la Cooperativa de Producción Agropecuaria «Jesús Menéndez», en las estribaciones del Escambray, para cumplir con ese pedido del Comandante.

«Él es cinco años menos viejo que yo, pero tiene el ánimo y el espíritu de un muchacho. Al mundo le hace falta que Fidel siga en el combate de las ideas, con su ejemplo y su pensamiento, y la mejor ayuda que le podemos dar los cubanos para que se restablezca es continuar la vida con total normalidad, tranquilos y serenos.

«Por eso yo no voy a salir del surco hasta que vea avances en el trabajo, y trataré de hacer un poquito más de la norma, porque ese será mi aporte a su salud.

«Si él que tiene tantas responsabilidades nunca ha hablado de retirarse, cómo lo voy a hacer yo que soy un simple agricultor. Y menos ahora, que mi trinchera es el surco», aseveró.

«Como esas, y apunta para las matas recién cortadas, son la gente de Miami que festeja la enfermedad de Fidel. Qué monstruos, qué poco aman la vida de un ser humano, están hechos con la misma tripa de calabaza del presidente de ese país, George W. Bush».