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Con tantos palos que te ha dado Cuba

Por Norland Rosendo González Con siete años en la oficina oval de la Casa Blanca, W. Bush debió haber aprendido algo —un poquito aunque sea—, de cómo nos comportamos los cubanos. Pero nada de eso, se le va a acabar el mandato imperial y tendrá que irse a su rancho de Tejas con las marcas en su espalda de los tantos palos que le ha dado Cuba.
Porque el muchacho no tiene suerte. Trató siempre de aislar a La Habana y terminó por quedarse solo él. Con su discurso incoherente y tartamudo, escrito por la gente de Miami, que lo sentó a la diestra del diablo y le dijo que era Dios. Pobre Bush, no supo diferenciar a uno del otro. Su talento no le alcanzó para eso.
Ahora volvió a la ONU a coger 184 cujazos de tabla de palma, que le sonaron fuerte e... (... continúa)
Bush: Y tú, ¿de qué me acusas?

Por Norland Rosendo González
A la familia Bush no le parece democrático el sistema electoral cubano. Sobre todo porque si rigiese uno similar en su país, a W. no le hubieran podido arruinar los últimos 8 años de sus vacaciones intelectuales.
Pobre Bush, lo han agobiado desde el 2000 con firmas de papeles escritos por otros, con lecturas de discursos que ni él mismo entiende, y cuando se le ha ocurrido improvisar una oración, de las más simples: sujeto, verbo y predicado, evidencia porqué la educación made in USA está a tantos años luz del resto. Nadie sabe lo que dice.
Todo empezó con el nuevo milenio y en el estado de Florida. Allí se decidió el destino con las elecciones presidenciales, en una puja desleal entre él (Republicano) y Albert Gore (Demócrata).
Fueron días de golpes bajos, que dejaban sin aire a los ciudadanos indefensos, atónitos mientras aguardaban por el desenlace, y los medios de la (in)comunicación decían una cosa ahora y otra después.
Gore va delante. Ahora Bush. Gore, Bush. Bush, Gore. Y la mafia detrás, a la sombra. Cuando la Justicia, lenta y burocrática, quiso decidir el pleito, la mafia ya había movido sus piezas negras y en una de sus clásicas jugadas, al estilo del KuKuKlan, le había garantizado la victoria
... (... continúa)¿Quiénes son nuestros diputados?
Por Norland Rosendo González
Los diputados cubanos son gente sencilla y humilde. Uno los puede encontrar en la calle, en la parada de los ómnibus, en la cola de los estanquillos donde se expenden los periódicos, en las gradas de los estadios de béisbol; o en las comunidades conversando con sus electores, de tú a tú, sin burocracia, ni jerarquías.
En cualquier lugar, por inimaginable que parezca, están nuestros parlamentarios. Probablemente donde menos se localicen sea en los medios de comunicación. Ellos no requieren de la propaganda, de las caras maquilladas y las sonrisas fingidas para tener un escaño en el máximo órgano legislativo de la República.
Tampoco existen los discursos electoreros saturados de promesas y de cambios imposibles. Esos esquemas —típicos de los períodos precedentes a la Revolución, y que jamás reportaron beneficios para las mayorías desposeídas—, han quedado para la historia de los procesos eleccionarios en Cuba, como testimonios de la nulidad democrática.
Nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular está integrada por hombres y mujeres de todas las regiones del país. Incluso, aquellas más postergadas de las montañas cuentan con sus
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